Los Caballeros no se oxidan

Tal vez fue que la gente iba llegando La Plata como pudo en noche de recitales. Pero era viernes y De la Gran Piñata ya había tocado. El boulevard de la 32 no arrojaba ningún tipo de magnetismo. La oscuridad envolvía todo. Como si los asistentes se sumergieron en un túnel de tren de barrio: en almagro tal vez o en los parajes zonales emblema de la locura ajena. Tocaban otra vez los Caballeros de la Quema.

Al principio todo el mundo estaba concentrado en el medio del campo, reducido en ciertas partes. Pero cuando se ingresaba, a los costados había plateas llenas de gente sentada muy cómoda disfrutando de la vista. No así del sonido que atrás era flojo. El comienzo fue un misterio. Cualquier regreso genera expectativas y más cuando una agrupación no toca en vivo desde 2002.

Era una época distinta. Tal vez menos prolífica, y por eso ese vínculo con el público. Desde las entrevistas anteriores al recital se hablaba de que la energía entre los miembros fue buena. Este tipo de declaraciones son destinadas a un lector que está acostumbrado a estos mensajes políticamente correctos para que se tranquilice en su incógnita: ¿Será un buen show?

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Nadie sabía que el Viernes 23 de Junio el recital sería una revolución espiritual para los fanáticos. Mucha gente nunca los había visto en vivo. Por cds, cassettes, mp3, youtube y luego spotify había permanecido el legado musical intacto y decorando momentos con rock nacional. Esa vieja categorización que era tan destacada a nivel empático.

El show se fue de menor a mayor. Se notaba cuando Martín Méndez y Pablo Guerra, los guitarristas, se ponían locos con un tema tratando de dejar todo en pos del agite, de calentar el motor que sorprendió por lo aceitado. El baterista Javier Cavo fue el eje de todo el concierto en los niveles de orden y polenta.
Pejerrey, Patri, Todos atrás y Dios de 9 (bestial canción), Que pasa en el barrio, Huelga de Princesas, Malvenido, Rómulo y Remo fueron los destacados de la primer hora, coronada con la liturgia de 4 de copas.

Pablo Mekler

En los 90’s Los Caballeros tuvieron ese tinte de rock de barrio y vanguardia. Una mezcla de poesía y berretín de ventajero bañaban y hacían brotar las letras de Iván Noble. Cuando comenzaban allá por 1991, un día fueron a preguntar a la casa de música que distribuía sus cassettes cuantos habían vendido. “Doscientos cincuenta pibe, les fue muy bien”. Algo así le contó el cantante a las veinticinco mil personas que lo fueron a ver el otro día, antes de comenzar a cantar “Primavera Negra”

“Rajá Rata” rompió al medio la dinámica de la noche, con un pa pa pa previo al grito de Iván que generó el pogo más intenso (por lo repentino) de la noche.
Poco a poco todo el mundo comenzaba a mirar al costado con alegría inusitada. El bajista Patricio Castillo evocaba con su intervención el swing histórico y la cohesión en velocidad que caracterizó siempre a Los Caballeros.

“No eran las esquirlas del rencor, eran telarañas en el corazón. Un adiós con pestañas; un desamor sin amor. Hoy que no me encuentro la nariz, hoy que no me banco ser feliz. No le pongas miel a la verdad, que si ando muerto, es de tanto resucitar” recitaba Ivan Noble recordando “Otro Jueves Cobarde”, compuesta con Joaquín Sabina en su momento. Las letras convocaban a la lucha celeste, esa que el Megafón de Marechal sostenía en todo momento. Una oda a la revolución de la voluntad. En el amor, en la calle, en los amigos y en la vida.

Pablo MeklerPablo Mekler

Con “Sapo de otro pozo” pusieron a todo el público en frecuencia. Luego “Carlito” y “Celofán”, en ese orden. El primero en tinte de falsa despedida y el segundo como introducción al trance más emocional de la noche. “No tengo cuit, ni cuil, no me doy con la p**a Afip. Corta la luz, no hay hagas, se rompe todo y tengo que ensayar. Mi papá, me avisó, no te encames con el rock.” sentenciaban Los Caballeros, antes de los dos últimos temas de la noche.

Avanti Morocha cumplió las expectativas del público más clásico y para darle coraje a la banda hacia el cierre soñado. “Cuando dejamos de tocar muchos de ustedes capaz todavía no estaban. A nosotros también nos pasó lo mismo, por eso queremos hacer subir a cantar esta canción con nosotros a esas personitas que aparecieron en este tiempo” avisó Iván mientras subían los hijos de todos los músicos y asistentes (los originales también). Tal vez con alguna palabra más o alguna palabra menos, el escenario se llenó de gente de todas las edades que alrededor de micrófonos se dispuso a cantar Oxidado.

Y lloraron, lloraron haciéndole homenaje al estribillo de una de sus canciones más emblemáticas. Abrazados a sus hijos, en una lluvia de aplausos efusivos que demostraban que habían estado a la altura de la nostalgia. Les habían regalado a todos los fanáticos de estreno esa revancha contra el silencio tan esperada.

A los seguidores más experimentados les propinaron una nueva memoria que se volverá invaluable con el correr de los años. Cuando la gente se retiraba por las calles de la plata, se podía visualizar una escena repetida. Dos amigos de cincuenta abrazados al lado de un micro que zarpaba hacia quien sabe donde. Uno flaco, barbudo de remera negra con el símbolo de clave de sol disociado en espiral amarillo, y gastado por el tiempo le dice al otro que tiene una remera parecida, mientras lo aprieta con alegría: “Gringo, nos vemos en 20 años. Un saludo a la familia”

Cronista: Juan Pablo Manrique
Fotografía: Festival Provincia Emergente (Oficial)

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