#NiUnaMenos por segunda vez : La marcha que se convirtió en fecha

La consigna fue la misma, el mensaje también. Sin embargo, la experiencia de la movilización fue distinta en muchos niveles, donde sobresalieron dos objetivos claros: concientizar sobre la violencia hacia las mujeres y reclamar por legislación efectiva para proteger a las víctimas.

El año pasado la gente no podía moverse, concentrada y emocionada en la plaza de los Dos Congresos como consecuencia de una convocatoria que fue inesperada y sorpresiva. Un reclamo desesperado interpelando a la sociedad a que se pusiera en la piel de las víctimas del machismo tan arraigado en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Esta vez, si bien la asistencia fue muy numerosa con más de cien mil participantes, el flujo de las personas fue de entrada y salida. Al no haber una conducción u oradores principales como el año pasado, quienes concurrieron se apropiaron del espacio para aportar su apoyo a la causa de la manera que quisieran. Y otro fenómeno que se dio fue la realización de convocatorias en más de 200 ciudades de todo el país, federalizando el reclamo en las calles.

Hubo presencia partidaria fuerte y explícita. La Juventud Radical, el PTS, el Frente Renovador, La Campora, el MTC, ATE, CTA y otras organizaciones políticas y sindicales desplegaron su aparato de militancia para personalizar su apoyo a la causa, con las formas tradicionales de un acto político.

Algo muy particular de este encuentro fueron las intervenciones teatrales. Dos o más participantes hablaban con megáfonos recitando algún poema o texto literario, o realizaban expresiones físicas donde con el cuerpo se transmitía una idea. También artistas paradas sobre un banco interpelando verbalmente a quienes marchaban generando una atmosfera de concientización natural.

Lo más fuerte y concurrido de estas demostraciones era la que no tenía ficción. Por ejemplo, una mujer tomando el micrófono ante una ronda de muchas personas contando su experiencia. En otro círculo, una señora mayor llorando mientras relataba la historia de su hija, nieta, o sobrina. Así a lo largo de Avenida de Mayo, hasta la Plaza de Mayo inclusive, las voces se ponían en común y todos se detenían a escuchar con respeto las historias que esta marcha unió y encarnó.

Los medios le dieron una cobertura más amplia que la vez anterior. Hubo grúas con cámaras, drones, varios móviles y noteros entre la gente. Se captó la diversidad de expresiones y voces que fueron el factor diferencial con la del año pasado.

Los puestos de panchos, choripanes, bondiolas, hamburguesas, panes rellenos y bebidas estaban a la par de los que vendían souvenirs. Remeras con la frase “#NiUnaMenos” o con caricaturas (por ejemplo, la del artista Liniers popularizada el año pasado), pines, banderas y llaveros hacían al lado comercial de la jornada.

De un año para el otro, la causa y el reclamo tomaron dimensiones significativas. Hoy por hoy la opinión pública sostiene la movilización como algo único y necesario para poder ayudar a levantar una bandera postergada desde siempre. Es hora de que la ciudadanía deje de ser testigo mudo de una sociedad que somete, humilla, viola y mata a las mujeres. Ahora que gritamos “ni una menos”, la movilización se convirtió en fecha y los 3 de junio dejaron de ser un día más.

Por Jonpol & Franco De Carli

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